patones lluvia destacada

Disfrutar de Patones de Arriba cuando llueve: la pizarra, los olores y un pueblo diferente

A nosotros nos encanta Patones cuando llueve. La pizarra negra se moja y cambia completamente de aspecto, las calles adquieren otros tonos, aparece el olor de la tierra y de la piedra mojada y el pueblo se queda mucho más tranquilo. Es uno de esos días en los que merece la pena venir precisamente porque llueve: pasear sin prisas, disfrutar del pueblo de otra manera y terminar alrededor de una mesa en El Origen.

La lluvia le sienta muy bien a Patones

Hay algo que resulta difícil explicar hasta que lo ves.

La pizarra de Patones es bonita con el sol, pero cuando se moja ocurre algo diferente.

Se vuelve todavía más oscura, aparecen brillos y las fachadas parecen cambiar de textura.

Las piedras de las calles también adquieren otra tonalidad y el agua va marcando los desniveles del pueblo.

Y después está el olor.

El de la tierra húmeda.

El de la vegetación.

El de la piedra mojada.

Es un Patones mucho más recogido y, para nosotros, tiene muchísimo encanto.

No es un Patones peor por estar lloviendo. Es otro Patones.

Un pueblo mucho más tranquilo

Hay otra cosa que se nota enseguida cuando llueve.

La cantidad de gente.

Patones recibe muchos visitantes cuando hace buen tiempo, especialmente durante los fines de semana y festivos. En cambio, los días de lluvia el ritmo del pueblo cambia bastante.

Las calles están más tranquilas.

Puedes caminar sin prisas, detenerte delante de una casa de pizarra, fijarte en las fachadas o simplemente pasear sin tener que ir pendiente de la gente que tienes alrededor.

Y eso también forma parte de la experiencia.

Quizá descubras un Patones que no habías visto en tu primera visita.

Patones lloviendo.
Patones de Arriba lloviendo

¿Qué hacer en Patones cuando llueve?

Precisamente porque la lluvia ya forma parte del encanto, tampoco hace falta preparar una actividad complicada.

Puedes dejar el coche en Patones de Abajo y subir caminando hasta Patones de Arriba.

Después puedes recorrer tranquilamente el pueblo, acercarte a la iglesia de San José, conocer sus calles y observar cómo el agua transforma la pizarra.

No hace falta hacer una ruta larga.

De hecho, nosotros reservaríamos ese día para pasear y mirar.

Patones tiene muchos detalles que normalmente pasamos por alto cuando venimos con prisa.

Una puerta.

Una fachada.

Una pared de pizarra.

El agua bajando por una calle.

El olor que deja la lluvia.

Son cosas sencillas, pero precisamente ahí está el encanto.

Y antes de entrar, ya sabes dónde vas a comer

Hay algo que nos gusta especialmente de estos días.

Cuando te vas acercando a El Origen, muchas veces lo primero que llega no es el restaurante, sino el olor.

El de la lumbre.

El de la brasa.

El humo de la encina.

Y ese olor de los guisos haciendo chup-chup en la cocina.

Vienes de pasear por Patones con la pizarra mojada, el aire fresco y el olor de la tierra después de la lluvia y, poco a poco, empiezas a notar el fuego.

Es una sensación muy sencilla, pero para nosotros forma parte de la experiencia.

Porque todavía no has entrado y ya sabes que vas a comer.

Después abres la puerta, cambia la temperatura, aparece el calor de la sala, la piedra, la madera, el fuego… y te sientas.

Y entonces sí.

Una copa de vino, la comida y la lluvia al otro lado.

Y no sabemos por qué, pero la comida sabe mejor

Esto nos pasa mucho.

No sabemos muy bien por qué, pero tenemos la sensación de que la comida y el vino saben mejor cuando fuera está lloviendo.

Quizá sea el contraste.

Vienes del fresco, de la humedad y de pasear por las calles mojadas de Patones y entras en un restaurante cálido.

O quizá simplemente esos días apetece sentarse a la mesa de otra manera.

Más despacio.

Sin prisas.

Disfrutando de la comida y de la conversación.

Sea por lo que sea, hay algo especial en esa combinación.

Patones mojado fuera y El Origen caliente y acogedor dentro.

La cocina también cambia con el momento del año

En El Origen trabajamos con producto de temporada y nuestra cocina está muy ligada al fuego, las brasas y las elaboraciones que buscan recuperar sabores tradicionales.

Por eso cada época tiene sus propios productos y sus propias elaboraciones.

No tenemos un «menú para días de lluvia».

La carta cambia según el mercado.

Pero hay comidas que, con el frío y la lluvia fuera, parece que tienen todavía más sentido.

Una buena comida.

Una copa de vino.

El calor del restaurante.

Y Patones al otro lado de la puerta.

No hace falta esperar a que salga el sol

Creo que esta es la parte que más nos interesa transmitir.

Si estás pensando en venir a Patones y ves que dan lluvia, no cambies automáticamente de plan.

Si te gusta pasear, disfrutar de los pueblos y descubrirlos de una manera diferente, puede ser precisamente un buen día para venir.

Además, encontrarás un Patones mucho más tranquilo.

Y después del paseo puedes sentarte a comer en El Origen, disfrutar de la calidez de la sala y dejar que la lluvia siga haciendo su trabajo fuera.

Porque no vienes a Patones a pesar de que llueve.

Vienes también porque llueve.

Una recomendación: ven preparado

Aquí sí hay que tener en cuenta cómo es Patones.

Las calles tienen desnivel y la pizarra mojada puede resultar resbaladiza, por lo que un calzado cómodo y con buena suela es importante.

No hace falta venir preparado para hacer una ruta de montaña.

Pero sí para caminar tranquilamente por un pueblo construido sobre una ladera.

Y precisamente por eso tampoco recomendamos recorrerlo con prisas.

Un plan sencillo desde Madrid

Puedes salir de Madrid por la mañana y llegar a Patones.

Aparcar en Patones de Abajo.

Subir hasta Patones de Arriba.

Pasear por el pueblo.

Disfrutar de la pizarra mojada, de los olores y de la tranquilidad.

Acercarte a El Origen y empezar a notar el olor de la lumbre y la brasa.

Y después sentarte a comer.

No necesitas mucho más.

¿Merece la pena visitar Patones cuando llueve?

Para nosotros, sí.

De hecho, si nunca has estado en Patones un día de lluvia, te recomendamos probarlo.

La pizarra mojada.

El olor de la tierra.

El agua por las calles.

El pueblo más tranquilo.

El olor de la lumbre cuando te acercas al restaurante.

La calidez de El Origen.

Una copa de vino.

Y una comida mientras fuera sigue lloviendo.

Hay días en los que Patones está especialmente bonito precisamente porque ha llovido.

Quizá no necesites que deje de llover para disfrutar del día. Quizá precisamente la lluvia sea lo que faltaba.

Índice